Sin duda, el bótox es uno de los tratamientos más conocidos a nivel popular a la hora de eliminar las arrugas. Esta aplicación de la toxina bulímica se puso de moda allá por los años 90 del siglo pasado y, a día de hoy, no ha caído en desuso.
Lo cierto es que en el año 2017 se realizaron 5 millones de tratamientos de bótox, y esta cifra supuso un incremento de un 1% con respecto al año anterior. Son datos de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica y Estética. Además, es un tratamiento al que recurren cada vez más mujeres, pero que también va ganando adeptos entre el público masculino.
Aunque no se trate de un tratamiento especialmente conflictivo, es conveniente tener en cuenta ciertas precauciones que el tratamiento respete al máximo la expresión facial de la persona y para que sea duradero. Pero antes de detallarlas vamos a enumerar brevemente algunas de las ventajas de un tratamiento de bótox.
Ventajas de un tratamiento de bótox
Entre sus rasgos más valorados por los pacientes destacan los siguientes:
- La eficiencia para eliminar las arrugas de expresión.
- Fácil y rápido de aplicar.
- Efectos que duran hasta 6 meses.
- Su carácter reversible.
- Sus resultados rejuvenecedores.
- Al ser un tratamiento de Medicina Estética no es necesario pasar por el quirófano.
Precauciones ante un tratamiento de bótox
Informarse sobre la aptitud y titulación del cirujano
El paciente que necesite someterse a este tipo de operación debe informarse bien sobre la clínica y el cirujano que va a realizar la intervención, ya que en el campo de la medicina estética existe bastante intrusismo y hay médicos que sin ser especialistas en este campo ofrecen este servicio.
No se trata de un tratamiento adecuado a cualquier edad
Aunque es muy efectivo para eliminar arrugas de expresión, es un tratamiento que no funciona en personas mayores cuyos problemas son el descolgamiento o la pérdida de densidad de la piel o de fuerza muscular. De hecho, cuando se empiecen a notar esos síntomas lo más conveniente es abandonar el bótox.
De igual manera los expertos tampoco lo aconsejan en personas jóvenes, y recomiendan un margen de edad entre los 30 y los 35 para iniciarse en este tratamiento.
Que prevalezca siempre el criterio médico
El cirujano especializado sabe combinar equilibrio y naturalidad en la búsqueda de la belleza y conoce las zonas concretas en las que se puede aplicar la toxina bulímica. De hecho, las áreas de aplicación de bótox se limitan en la Unión Europea al tercio superior del rostro. Sin embargo en Estados Unidos se aplica también en otras zonas, como cuello y contorno de los labios, mucho más delicadas y arriesgadas, de resultados mucho más inciertos. Por eso también es casi temerario ponerse en manos de profesionales que no puedan acreditar que conocen la técnica y su regulación exacta.
Contar con un cirujano acreditado significa asegurar el empleo de materiales de calidad y que puedan prever posibles efectos secundarios y atajarlos.
Por lo demás, no puede utilizarse con personas embarazadas, en personas que tengan enfermedades neuromusculares o alergias a la toxina y otras sustancias.
Hay que respetar las precauciones después del tratamiento
No es necesario guardar reposo tras la intervención, pero es importante que durante un plazo de al menos 5 horas no se toque la zona tratada, no se la presione, no se frote, no se tome el sol ni se acueste el o la paciente. Tampoco puede hacer ejercicio ese mismo día.

